jueves, 8 de septiembre de 2016

Dimensión Alternativa

Me desperté como cada día, pero hoy juraría que me encuentro en otra casa que no es la mía. Estoy casado con una mujer que siento que tengo años que no veo, al menos no en persona. Me levanto, ella se queda en la cama, medio dormida. Conozco muy bien ese estado. Puedes escuchar lo que ocurre en el exterior, pero en tu mente sigues viendo imágenes que no existen.

Yo, por mi lado, no estoy dormido, aunque siento que estoy soñando. Que los niños que yacen en la habitación de al lado no pueden ser míos, porque los miro y contemplo a dos extraños. Mi supuesta esposa despierta completamente, con una sonrisa dibujada en la mirada. Se acerca, me da un beso, sin lavarse la boca. Puedo dar garantía y testimonio de que no tiene mal aliento. Entra al baño, comienza a lavarse los dientes, la lengua, las encías e incluso el cielo de la boca. Me mira, sonríe mientras aún enjuaga el cepillo dental que segundos antes utilizaba. Su rostro refleja armonía, paz o algo parecido a la felicidad.

Hoy es un día domingo, por lo que no tengo que ir a trabajar a un lugar que desconozco por completo. Los niños, que ignoro en qué momento despertaron, nos sorprenden con el desayuno hecho. Todo indica que somos una familia cursi y feliz. Ambos chicos me miran como si yo fuera un Dios. Están convencidos de que me conocen. Se pelean por mi atención. Yo no siento ningún cariño por ese par de criaturas, si bien son tan tiernos que no puedo evitar fingir que los amo más que a nada en este mundo para no hacerles daño.

Llega el lunes, sin aviso. Mis pasos se dirigen a un trabajo aburrido. Mi cuerpo parece conocer para adonde va, en cambio mi mente ha como perdido el control. No sabe nada, excepto hacer preguntas que no encuentran respuestas.

De nuevo estoy en casa, cansado, aturdido, en un lugar que no es el mío. Cenamos todos juntos como una familia ideal o perfecta. Mis hijos hablan del colegio y mi esposa se queja por alguna tontería. Luego me observa preocupada. Pienso que va a caer en cuenta de que algo raro está sucediendo, como que su vida no es tan dichosa ni está atada a la mía, que esto que tenemos no es más que un sueño o un momento prestado; algo que jamás hemos vivido. Pero lo que expresa es que luzco fatigado, que me va a regalar un masaje antes de que me duerma. Más tarde los chicos me besan con ternura, como solo un niño puede hacerlo, y me abrazan muy fuerte, como si temieran que el mundo se pudiera acabar.

Me pregunto si me habré vuelto loco, amnésico o si soy víctima de algún extraño experimento. Siento que me empiezo acostumbrar a mi desconocida familia, incluso me duermo con miedo de aparecer en mi antigua vida llena de vacío y soledad. Por eso cierro los ojos en medio de una lucha por no dormir; pues ignoro a donde vaya a despertar.



      

Revolución Espiritual

Lo que ya se inventó no se necesita volver a crear. Para señalar el camino no es necesario reinventarlo, solo necesito apropiarme de ...